En este mundo nuestro en el que todos -o casi- ejercemos de turistas ocasionales, será bueno recordar que tal circunstancia parece acrecentar las estupidez hasta límites estratosféricos. Ejemplo de hoy: Roma, la «boca de la verdad», donde la gente hace cola para meter la manita en las fauces de un trozo de mármol colocado en la pared de una iglesia y, como no, hacerse la fotito inmortalizadora de tal hazaña (la de hacer cola, digo).
Pues sepan uds. amigos lectores que si son capaces de aguantar el ruido, el calor, la cola y vencer el asco para meter la mano en tal lugar, habrán conseguido uno de los retos romanos. Los otros son tirar la monedita en la fontana de Trevi (ahora habrá que pagar para hacerlo), mirar por el agujero de la puerta para ver la cúpula del San Pedro y colocar un candadito o unos auriculares en los foros.
Y si han llegado hasta aquí sepan, abnegados lectores, que la tal «boca de la verdad» tenía como uso otro muy distinto cuando fue concebida, pues se trata de la tapa de una alcantarilla. De diseño e ingenio, eso sí, pero una tapa de alcantarilla. Hala, a turistear, a turistear que el mundo se va a acabar.









