Recibí una invitación de la FSF (Free Software Foundation) para una charla-encuentro en Salamanca. Hela aquí.

Allí nos personamos yo y un amigo. Y fuimos los únicos. ¡Los únicos! Ni un solo alumno de la facultad de ciencias, ni un solo curioso, ni un solo interesado más. El tiempo transcurría lento, lento, lento, marcado por la gota que caía del techo en el cubo rojo entre la mesa del estrado y las banderas. Ese toc… toc… toc… cada diez segundos convirtió nuestra espera de
quince minutos en noventa golpes de realidad. Chasco porque ni siquiera vino el conferenciante de modo que, después de 10 minutos tras la hora de inicio prevista y los quince de espera citados, nos fuimos tal y como habíamos venido. Quizá con un poco más de cara de tontos. He aquí el documento gráfico que ilustra el éxito del evento. Marcaba el reloj del ordenador las 17:09.

Esto, al parecer, es lo que nos interesa la libertad, la privacidad y la independencia de las grandes multinacionales. Vamos de cojones.







